"Cuando llegué, en 2006, les dije a los dirigentes que el espejo en el que debíamos mirarnos era Boca, porque era el club argentino que estaba haciendo las cosas bien. Hoy podemos decir, con orgullo, que el club en el que los demás deben fijarse es el nuestro, Estudiantes."
Juan Sebastián Verón encontró, quizá, las mejores palabras para definir el significado de un ciclo que lo había tenido a él como principal protagonista y que, al momento de pronunciarlas, a fines de 2010, cumplía cuatro años y medio con tres vueltas olímpicas: la primera, en el Apertura 2006, la del medio en la Copa Libertadores 2009 y la última, en el Apertura del año pasado.
La faena, en todo caso, no se medía tanto en títulos como en concepto. Porque todo ese tiempo sirvió, más que nada, para consolidarse en el liderazgo de los clubes fuertes, aquellos que crecieron para disputarle el espacio a los grandes. Allí está, para reflejarlo, esa tabla general que se puede elaborar desde aquel Apertura 2006 hasta esta 12a fecha del Clausura 2011, con Estudiantes encima de todos con 340 puntos, seguido por Vélez con 309 y recién después Boca, con 301. La diferencia que marcó fue tan importante que, de no ser leída como corresponde, podría llegar a maquillar, y hasta a ocultar, lo que le ha pasado en los últimos tiempos.
En lo que va de la temporada, entre el Clausura 2011 y la Libertadores, ha vivido lo que nunca en las épocas recientes: perder demasiado seguido. Siete derrotas entre el torneo local y la Libertadores, más la última por penales, en Asunción, que no dirían mucho si no se las acompañara con el comentario de un desgaste, de un deterioro...
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