Hubo una noche como la de anoche y fue el empate con Argentinos en el Apertura 2006. Hubo una noche como la de anoche y ya se sabe el final de la historia. Por lo tanto, aquéllos que ya dan a este equipo fuera de carrera en este campeonato, sepan esperar. Si hay una camiseta capaz de ir en contra de los misterios del universo, es la de Estudiantes. Está claro que no es lo mismo venir desde atrás, que asimilar el golpe desde arriba. Pero hay que confiar en el espíritu de este plantel, en su orgullo herido, en su demostrada respuesta ante la adversidad, en lo que le queda de resto para seguir luchando. Y hay que confiar, también, en que el puntero tenga en la última fecha a un rival con una mayor vergüenza deportiva. Es cierto que la jugada de Verón puede ser sancionable con roja, como que también el hincha tiene derecho a la sospecha después de una semana cuanto menos extraña, que incluyó demasiadas voces en alto por el penal ante Chacarita, cambio de árbitro y demás cuestiones. Estudiantes, sin su jugador más preponderante, con esa roja llena de suspicacias que le sacudía en la cabeza y con el esfuerzo que implica jugar con uno menos considerando el nivel de desgaste que viene absorviendo el equipo, no pudo contra Central. A pesar de su esfuerzo, le faltó lucidez para resolver, aquéllo que quita el cansancio manifiesto.
La baja de la Bruja se notó ahí también, en el último pase. Alguien podrá decir que este equipo, más de una vez, jugó y ganó sin su líder. Pero no es lo mismo prepararse para hacerlo sin él que, de repente, no tenerlo en cancha por un fallo arbitral para la discusión. La doble competencia es así: te puede dejar con mucho, con algo o sin nada. Era el riesgo. Este plantel lo asumió y no tiene de qué arrepentirse. De ninguna manera se pueden bajar los brazos ahora después del sacrificio hecho en todo este semestre. Todavía está a tiempo de todo. Y la Copa Libertadores, ahora, da una revancha como para tomar impulso. Para que haya gesta, es necesario creer. Y este equipo, más de una vez, creyó que los imposibles eran posibles.
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